Su fachada principal, orientada a sur, exigía un mantenimiento frecuente por el intenso soleamiento y por la polución del tráfico rodado: los medios auxiliares necesarios para ese mantenimiento entorpecían el paso y molestaban a los clientes. Con esas premisas, LYMA Arquitectura —Manuel Lamosa García y Patricia Martínez Rodríguez— plantea una envolvente nueva, de menor mantenimiento y mayor capacidad de representación, que aporte identidad al restaurante.
La solución recupera un material que ya estaba en el edificio desde hace más de cien años: las escamas romboidales de zinc, empleadas en el interior como revestimiento de la barra del bar y del espacio de investigación y bodega. El zinc forma parte de la identidad de la casa y se expone ahora al exterior, dispuesto según una trama geométrica diagonal que combina distintos tonos y remite a la piel vibrante de un pez.
Las tejas romboidales se colocan sobre un entablado de madera y conforman un revestimiento ventilado por delante de la fachada original. Dado que la pátina del zinc natural se forma a lo largo de los años y el material recién instalado habría resultado demasiado brillante, se prescribió un tratamiento de prepatinado.
Se han desarrollado hasta cuatro acabados de zinc-titanio específicamente para el proyecto y se ejecutaron muestras a pie de fachada que fueron determinantes para elegir la solución final. Los cuatro tonos irán unificándose con el paso del tiempo.
El resultado es una fachada de apariencia vibrante, con brillos metálicos que reflejan la luz ambiente y cambian con ella. El contraste entre el día y la noche se acentúa con una iluminación indirecta desde la parte inferior, de modo que la envolvente de escamas funciona como imagen reconocible del restaurante sin alterar la volumetría del edificio de 1897.