Una materia viva que transforma su apariencia con el tiempo y hace de esa evolución parte de la arquitectura.

El cobre aporta una dimensión singular a fachadas y cubiertas gracias a su capacidad para cambiar de tonalidad de manera natural. Desde sus primeros reflejos metálicos hasta las pátinas que adquiere con los años, cada etapa transforma la expresión del edificio. Su durabilidad, maleabilidad y comportamiento frente a los agentes atmosféricos permiten trabajar encuentros, pliegues y geometrías complejas con una enorme riqueza material.

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