El proyecto combina dos decisiones. Por un lado, la ordenación general del campus dispone las facultades en ambos extremos con un patrón muy cartesiano, de dos o tres plantas para minimizar los desplazamientos verticales de los alumnos, con los departamentos y las zonas de investigación en altura, en los extremos este y oeste del conjunto. Por otro, el edificio de Servicios Generales adopta una forma mucho más orgánica y singular, en correspondencia con la singularidad de los usos que lo componen y con la ambición de enlazar y materializar los flujos y circulaciones del campus, coronada por una gran cubierta continua de zinc.
Esta manera de proyectar, basada en los flujos, genera un edificio cuyas circulaciones generales se encuentran y entrecruzan en su propio interior. Los usos se abren a espacios libres, deprimidos respecto a la cota general del terreno y delimitados por plantaciones de álamos, mientras los lucernarios recortados en la cubierta llevan la luz natural al interior de las galerías. El contraste con el orden cartesiano de las facultades no rompe el conjunto: lo enfatiza, y con él el continuo cambio de carácter que se experimenta al desplazarse desde las facultades hasta la zona de Servicios Generales.
El volumen de mayor importancia corresponde al auditorio, que con un aforo de 1.000 espectadores está acondicionado para albergar todo tipo de actos que la Universidad de Granada pueda programar —conferencias, representaciones teatrales, audiciones—, adquiriendo así una condición polivalente. Junto a él se distribuyen la biblioteca (3.725 m2), las salas de trabajo (1.635 m2), la sala de exposiciones (1.300 m2), el comedor (2.500 m2), la cafetería (1.145 m2), la guardería (1.500 m2) y la administración (195 m2). Los materiales empleados —zinc, acero y hormigón— responden a un criterio de durabilidad y mantenimiento mínimo.
El zinc es el material que da identidad al conjunto: frente a la neutralidad del hormigón armado y de las cerchas de acero que salvan las grandes luces, las bandejas de zinc se pliegan y ondulan sobre la planta orgánica hasta construir un perfil continuo que unifica un programa muy diverso bajo una sola piel. Cada faldón exige un replanteo ajustado a una geometría de curvatura variable, sin dos paños iguales, y una colocación en obra que resuelve encuentros, quiebros y lucernarios sin interrumpir la lectura de la superficie. Vista desde el aire —la imagen más reconocible del edificio—, esa cubierta mate, que se patina con el tiempo y apenas requiere mantenimiento, es la aportación del proyecto al paisaje del campus.